El Árbol Celta de la Vida es una representación de las capas que conectan la Tierra con el universo. Para esta cultura, los bosques y los árboles son el eje protector y central del mundo. Adora la naturaleza, especialmente la historia de los ritos y rituales de este árbol.
Historia y Significado.
Los celtas son representados por un grupo de habitantes establecidos en toda Europa durante la Edad del Hierro. Un pueblo lleno de leyendas místicas, creyentes y devotos de todo lo relacionado con la naturaleza.
Ellos ven a los árboles como dioses con poderes y beneficios que les otorgan. Por esta razón, los árboles son importantes objetos de reverencia y adoración.
Para los celtas, el árbol de la vida, además de representar a los dioses, era símbolo de vínculo. Es decir, una conexión con todos los seres vivos que habitan la tierra. Además de su poder, grandeza y apariencia, el árbol representaba para los celtas la sabiduría y el conocimiento que poseía la naturaleza.
Rituales y ofrendas de Los Celtas.
En aquel entonces, la vida y la supervivencia tenían que ver con la comida. Por ello, los celtas crearon una serie de ceremonias con muchos habitantes rindiendo homenaje y ofrendas a los árboles.
Características del Árbol de la vida Celta.
Los árboles en la cultura celta son los protectores de todo lo que representa la naturaleza. Por lo tanto, estos dioses son "el eje del mundo". Por lo tanto, existen 3 niveles bien definidos en este universo o universo. Estos se pueden explicar de la siguiente manera:
Las raíces: Para los Celtas representa el nivel subterráneo o el inframundo. Es la simbología que representa la capacidad de crecer y esparcirse debajo de las profundidades de la tierra.
El tronco: Representa la superficie, es decir el mundo que habitamos. Por lo cual, es accesible como lo es la corteza del tronco.
Las ramas y hojas: Corresponde al último nivel, el cielo. Es una metáfora donde las ramas y las hojas se encuentran mirando y tocando la divinidad que existe en las alturas.
El árbol de la vida en la cultura Celta
Espiritualidad · 2 min de lectura

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