San Bartolomé fue uno de los 12 apóstoles presentados a Jesús por Felipe. Según diversas tradiciones y leyendas, como la de los mártires romanos o la leyenda del oro, Bartolomé ejerció su ministerio en Etiopía, Arabia, Frigia e India. Su misión apostólica terminó en Armenia (Asia), y tras varias conversiones, por orden del rey Astiages, fue desollado vivo y luego decapitado.
El encuentro más grande de su vida.
Felipe, cuando sintió la gran alegría de ser discípulo de Jesús, lo primero que hizo fue invitar a un buen amigo para que también fuera seguidor de tan excelente maestro. Era una antorcha que encendía otra antorcha. Pero cuando nuestro santo oyó que Jesús era de Nazaret (aunque no era de ese pueblo, sino de Belén, donde se cree que nació), quedó asombrado, porque ese es el más pequeño y menos uno de los pueblos conocidos. El país ni siquiera aparece en el mapa. Felipe no le discutió a su pregunta pesimista sino solamente le hizo una propuesta: "¡Ven y verás que gran profeta es!"
Y tan pronto como Jesús vio que nuestro santo se le acercaba, dijo de él un elogio que cualquiera de nosotros envidiaría: "Este sí que es un verdadero israelita, en el cual no hay engaño". El joven discípulo se admira y le pregunta desde cuándo lo conoce, y el Divino Maestro le añade algo que le va a conmover: "Allá, debajo de un árbol estabas pensando qué sería de tu vida futura. Pensabas: ¿Qué querrá Dios que yo sea y que yo haga? Cuando estabas allá en esos pensamientos, yo te estaba observando y viendo lo que pensabas". Aquella revelación lo impresionó profundamente y lo convenció de que este sí era un verdadero profeta y un gran amigo de Dios y emocionado exclamó: "¡Maestro, Tú eres el hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! ¡Maravillosa proclamación!
A partir de ese momento, nuestros santos son discípulos incondicionales de Cristo Jesús, el mensajero de Dios, poseedores de un poder y una sabiduría completamente sobrenaturales. Junto con otros 11 apóstoles, fue testigo de los maravillosos milagros de Jesús, escuchó sus nobles enseñanzas y recibió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.
Para San Bartolomé. la santidad no se basa en hacer milagros o deslumbrar a los demás con proezas extraordinarias, sino en dedicar la vida a amar a Dios y dar a conocer a Jesucristo a más personas y amar, y difundir su santa religión.
San Bartolomé
Espiritualidad · 3 min de lectura

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