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María Auxiliadora, patrona de China

María Auxiliadora, patrona de China

Cada 24 de mayo la Iglesia Católica conmemora a la Virgen en su advocación de María Auxiliadora. El título de Auxiliadora es bastante antiguo, viene de los primeros cristianos griegos que la llamaban Virgen María ‘Boetéia’, que significa ‘la que trae auxilio venido del cielo’.

A María Auxiliadora se la considera clave en muchos sucesos históricos, como la Batalla de Lepanto, o cuando en el siglo XVII los católicos del Sur de Alemania no fueron invadidos por los protestantes.

Esta celebración se festeja el 24 de mayo porque el Papa Pío VII lo decidió de este modo, pues esta fue la fecha en la cual llegó a Roma tras estar preso por Napoleón y ser liberado gracias a la intervención de María.

Historia de María Auxiliadora.

Don Bosco ha sido, en la historia de la Iglesia, el gran apóstol de María Auxiliadora. La Virgen María siempre estuvo presente en la vida de San Juan Bosco, gracias a que su madre, le inculcó ese amor y esa devoción por la Virgen en las oraciones y en la vida diaria. Desde el principio, María Auxiliadora fue el centro de toda su obra. Él solía decir: “Confíen en María Auxiliadora y verán lo que son los milagros”. Cuando San Juan Bosco tenía 9 años soñó que la Virgen le indicaba ya su vocación y que sería sacerdote. Más tarde, en 1860, la Virgen vuelve a hablarle en otro sueño y le dice que quiere ser honrada con el título de “Auxiliadora”.

Don Bosco infundía y hacía sentir el cariño y la devoción a la Virgen María en niños y adolescentes. Según sus enseñanzas, la mejor manera de parecerse a Jesús y a María Auxiliadora es aprendiendo a ser auxiliadores de quienes necesitan ayuda, a mirar con el corazón, a ser luz en los momentos de oscuridad.

Patrona de China.

En China la devoción a la Virgen Auxiliadora se remonta a la segunda mitad del siglo XIX. En Shanghái se encuentra el santuario Sheshan, que es un lugar de referencia para venerar a María Auxiliadora.

Oración a María Auxiliadora.

Santísima Virgen, Madre de Dios, yo, aunque indigno pecador postrado a vuestros pies en presencia de Dios omnipotente os ofrezco este mi corazón con todos sus afectos. A vos lo consagro y quiero que sea siempre vuestro y de vuestro hijo Jesús.

Aceptad esta humilde oferta vos que siempre habéis sido la auxiliadora del pueblo cristiano.

Oh María, refugio de los atribulados, consuelo de los afligidos, ten compasión de la pena que tanto me aflige, del apuro extremo en que me encuentro (petición).

Reina de los cielos, en vuestras manos pongo mi causa. Sé bien que en los casos desesperados se muestra más potente vuestra misericordia y nada puede resistir a vuestro poder. Alcanzadme Madre mía la gracia que os pido si es del agrado de mi Dios y Señor. Amén.


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